Cuando entraba en la estación el
tren se detuvo en seco. La gente que viajaba dentro de él se tambaleó
golpeándose los unos a los otros. Se abrieron las puertas y todavía se escuchaban
algunas quejas sobre ese conductor que probablemente antes de serlo habría
trabajado transportado ganado …
Algunos se bajaron y otros nos disponíamos
a entrar en el tren … ciertos individuos con mucha prisa por alcanzar uno de
los asientos que habían quedado libres, te atropellaban en tu intento de subir
al vagón. Por fin nos acomodamos todos.
Un vigilante irrumpió en nuestro
ensimismamiento y desde el andén nos hizo señas advirtiéndonos de que teníamos
que apearnos porque el tren no podía continuar su recorrido.
Un señor se ha caído a las vías
cuando el tren llegaba - se entendía entre el bullicio que provocó tal anuncio. Alguien lo ha empujado, decían algunos … Otros
aseguraban que habían visto como él mismo se había tirado a las vías.
Mientras un grupo muy numeroso
corría hacia el lugar del siniestro para no perderse detalle del macabro
accidente, yo me senté en un banco, horrorizada ante la idea de que, en un
instante, ese hombre había dejado de existir. Pensé que en breves minutos,
alguien recibiría una llamada que, en un instante, cambiaría su vida para
siempre. Imaginé dos pequeños que, en un instante, conocerían el dolor de
perder a alguien que amas. Sonó mi móvil … tenía un mensaje de mis amigas que
me dispuse a leer y que, en un instante, me hizo olvidar ... y sonreir.